Les fougères de la Saint-Jean

Hier soir, des feux ont été allumés un peu partout au Pays basque à l’occasion de la Saint-Jean. Contrairement à Noël, fête d’intérieur placée au solstice d’hiver, la Saint-Jean, liée au solstice d’été, est une fête d’extérieur. À Aretxabaleta, ce sont donc des centaines de personnes qui se sont retrouvées sur la place du village pour ce qu’on appelle ici la “San Juan Bezpera“. Tout commence en musique, en fin d’après-midi. Puis, en début de soirée, on danse le zortziko de San Juan et on allume le feu. Enfin, les quintos, c’est-à-dire les jeunes du village qui ont 17 ans au cours de l’année, hissent au centre de la place le traditionnel txopo le tronc d’un peuplier au sommet duquel on accroche un drapeau basque. Ils continueront ensuite à danser et à boire toute la nuit. Le lendemain matin, quand les atxabaltarras se réveillent, dans toutes les rues, des fougères ont été déposées sur le seuil de chaque porte, comme on peut le voir dans la vidéo ci-dessus. On considère ces fougères comme un signe de bon augure; elles sont censées protéger des maléfices et éloigner les mauvais esprits. Dans son ouvrage Los Vascos [1], Julio CARO BAROJA avait évoqué l’importance des végétaux lors de la fête rituelle de la Saint-Jean, en insistant notamment sur le fait qu’ils avaient pour fonction de préserver du malheur:

Pero la fiesta a todas luces más “naturalista” es la de San Juan. [...] Ahora conviene que indiquemos sumariamente cuáles son los ritos que se celebran, más que en su dia, la noche de la víspera y al amencer de aquél. Estos en sustancia, son también los que se hallan en considerables proporciones del continente europeo y reflejan un viejo culto al sol en primer término; a las aguas, en segundo, y a los vegetales, en tercero.

En la madrugada de San Juan hay aldeanos que creen que se puede ver salir el sol bailando por el horizonte, y no faltan los que pretenden observar este hecho supuesto subiendo a cumbres próximas. Comúnmente los folkloristas juzgan que las hogueras de San Juan son un emblema, símbolo o como quiera llamársele (en esto habría motivos de discusión larga) del astro diurno. Los vecinos de muchas barriadas rurales vascas las encedien aún y bailan alrededor de ellas. Pero es rito más esencial el saltarlas. En cada fogata arden hojas de laurel benditas y otras plantas especiales, aparte de leña y maleza recogida por los chicos. Al saltar por encima se dicen especiales fórmulas poéticas, en que solicita quedar preservado de la sarna y otros males. En efecto, según los datos que he podido recoger, al saltar sobre las hogueras, aspirar su humo y danzar en derredor se puedo obtener todo esto: 1) la preservación de determinadas enfermedades (sarna, tiña, etc.); 2) la curación de las mismas; 3) la expulsión de los productores de enfermedad a otras regiones; 4) la preservación de los maleficios de las brujas y la expulsión de estás y de los ladrones; 5) la preservación de animales dañinos (perros, culebras, etc.); 6) la preservación de contratiempos más fortuitos; 7) la garantía de un matrimonio próximo, si se salta de modo determinado. [...]

Manifestaciones más públicas, si cabe, tienen las creencias que giran en torno al mundo vegetal y su relación con la fiesta. El árbol de San Juan, colocado en un lugar visible por una comunidad rural, puede verse aún en bastantes pueblos de Guipúzcoa y Navarra oceánica por lo menos. En algunos, como Vera, donde la costumbre de colocarlo ha desaparecido, a sus pies se veía una barca y en la parte alta un pelele colgado, Más corriente que verlo es todavía el contemplar las casas adornadas con ramas de espino blanco y otros vegetales; a enramadas semejantes se les asignan especiales virtudes. El chopo, el fresno y el espino protegen, sobre todo, en casos de tempestad. Pero, además de colocar estas enramadas, que pueden tener un significado amoroso por otra parte, y que a veces son sustituidas por crucecitas de madera de los mismos árboles o arbustos, se observa la costumbre de recoger multitud de hierbas y flores, que se estiman como medicinales y preservadoras contra maleficios. El helecho, la verbena, la ruda y el apio son las plantas más conocidas de éstas, plantas que en unión de otras útiles algunos llevan a bendecira la iglesia. Se halla extendida también la práctica de cultivar varias de estas plantas útiles, como el maíz o el trigo, sembrándolas con un poco de anticipación para bendecirlas a la mañana de San Juan.

Las ofrendas de vegetales en localidades del Sur de Navarra se asocian con otras que se llevan procesionalemente con la imagen del santo, procesión con motivo de la cual se ven colgado también algunos peleles por calles y plazas. Estos peleles se relacionan con los que más al Norte de la misma provincia se colocaban en el arból, y, acaso también, con los pellejos que en Guipúzcoa (Cegama) se hacián arder con los restos de las hogueras y se paseaban por los campos, pronunciando conjuros y fórmulas contra maleficios.

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[1] Julio CARO BAROJA. Los Vascos, Istmo, Madrid, 2000, 385 pages.

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